domingo, 27 de abril de 2008

Lluvia en mis zapatos. En mis All Stars. En Milford Sound.





El camino.

Como cuentan, como dicen, el camino de Queenstown a Fiordland, es espectacular. Sobre todo en su comienzo, y en su final. Bordeas el lago, te adentras en un valle, te duermes entre la nieve, y te despiertas en un paraíso.
Arriba adjunto imágenes del paseo por el valle, al amanecer.



Y esto, esto de aquí arriba, es un trozo del pastel. Del parque nacional de Fiorland.
Como os decía en otro post, mi rodilla no me permitió hacer el Roteburn Track, locual me dio cierta rabia cuando estaba en Queenstown.
Allí, Val me dio un pase para el barco de una de las agencias que manejan los tours por Fiorland. Concretamente un pase de la agencia mas cara. Lo teníamos desde Greymouth, donde su madre, que por cosas de la vida, también estaba viajando por Nueva Zelanda, se lo había dejado a su hijo.

Su hijo no lo iba a usar, porque se piraba de Nueva Zelanda.
Así que el beneficiario fui yo.

Me acerqué a la agencia, les comenté que tenía un pase, que me lo habían regalado.
Me miraron de arriba a abajo, y me dejaron caer que ese billete estaba a nombre de una señora belga. Y que yo no respondía a la descripción.
Fue imposible llegar a un acuerdo, así que cansado y vencido, decidí comprar un tour, allí mismo. En la misma agencia.
Vaya.
Imagino que el resultado es el mismo, pero algo desencanta cuando te meten en un bus de jubilados de vacaciones. No tengo nada en contra de los ancianos, pero me entristece verme en tales circunstancias. Nunca me he sentido más turista en este país, que dentro de ese autobús. En fin.

Volvamos a la rabia. Volvamos a mi rodilla, allí cuando abrí los ojos y me encontré en el Parque Nacional de Fiorland, camino del Milford Sound. Allí por donde natura gana, y el ser humano pierde. Allá, poco después pasada la entrada al trecking, la señora que conducía el bus (aquí los buseros, hablan mientras conducen) se animó a comentar que esa era la entrada de uno de los mejores treckings del mundo. Posiblemente el tercero de Nueva Zelanda.

En la primera pausa que hicimos allí dentro, salí en estampida. Aceleré el paso, llegué a un puente antes que los ancianos, y grité de rabia.
Lo necesitaba.



Todo lo que rodeaba era belleza. Podría haberlo disfrutado caminando, pero no. Mi rodilla había dicho que no.
Volví al autobús.
Escuché a Death Cab for Cutie hasta que llegué hasta el puerto del fiordo.

Milford Sound.

Milfod Sound es el más famoso de los fiordos de Nueva Zelanda.
Alguien me recomendó el segundo, el Doubtful Sound, pero decidí ir a tiro fijo.
Este es uno de los lugares más húmedos del planeta. Siempre (o casi siempre) llueve.
la frecuencia de la lluvia determina el volúmen de las cascadas que van apareciendo por el camino. Y en esta ocasión, después de una semana de tormenta, estaban ciertamente hermosas, ellas.



Ninguna foto hará justicia, la verdad.
Registrar un fiordo, con una cámara compacta es imposible. No hay angular, no hay perspectiva, no hay nada más que lo que hay. Y eso es poco.
Pero vaya, aquí os paso unas cuantas para haceros una idea.

Me gustaría que alguna vez en la vida, podáis vivir esto.



Como siempre, como en cada barco al que me subo, acabé empapado.
Algo así no es para verlo detrás de una manpara de vidrio. Lo siento, pero no. Me niego.
Así que subí a cubierta, y me quedé junto al puente.
Por momentos, incluso calculé la magnitud del resfriado. Podía permitirme un día de cama en Christchurch, así que tampoco sería tan malo.

Acabé haciendo migas con el capitán. O algo parecido al capitán, vaya, porque sólo había dos tipos pilotando el barco. Un tipo curioso y divertido, además de ser el único con un mechero a bordo. Aburrido de hacer lo mismo una y otra vez, aunque sea allí, en ese paraíso lluvioso.
Lo entiendo.

Por el camino, más morsas, más cascadas, el océano (concretamente el Mar de Tasmania, pero vaya) y un servidor allí, en cubierta.



Como ya he dicho, no hay foto que haga justicia. Ocurre los mismo que con el Franz Josef Glazier. No hay perspectiva real, y no se advierte la magnitud. Ergo, resulta imposible.
Pero creedme.
Este lugar, es increíble.

Quería haber sacado tiempo para localizar a un asturiano que vagabundea por aquí desde hace un tiempo. Sigo su blog de vez en cuando. Nico.
Pasaos por allí si tenéis un rato. Tiene talento--->http://turuta.wordpress.com/

De allí, vuelta a Queenstown. A mí última noche en Queenstown antes de volver a la costa Este.
Val se había ido, Natalie (inglesa escocesa) se había ido, los holandeses se habían ido, David el gironés se había ido. Incluso los irlandeses con los que me puse a gritar "when i grow up, i want to be a gooney", se habían ido.
Estuve solo, y tiritando en mi habitación.
Solo, durante diez minutos.

La puerta se abrió, y apareció una especie de Miqui Puig, pero en Checo.
Me advirtió de que venían tres checos más. Ya tenemos cuatro checos.
Primero preguntaron si quería una birra. Después mi nombre.
Eran de los que diparan y luego preguntan.

Intentaron convencerme para salir de rumba, pero fui incapaz. Había dormido tres horas, estaba tiritando, y a la mañana siguiente debía de intentar conseguir un booking para llegar a Christchurch, o al menos, para algún lugar de la costa Este. No quería hacer autoestop con el frío que hacía (habíamos llegado a 2ºC).

Me prometieron traerme a un par de nativas para dormir caliente.
Los checos. Todos los checos que me he encontrado viajando, me caen bien.
Los checos son cojonudos, aunque me despertara sin las nativas.

Al día siguiente me despedí de ellos. Incluso por la mañana eran graciosos.
También me despedí del lago, que estaba frente a mi habitación.



Fui a un garito internet. Al barato, el que está justo enfrente del caro.
Allí encontré una nota en el panel de avisos:

"El día 22 salgo para Christchurch en mi coche. ¿Alguien está interesado en subirse y compartir gastos?
Alexia "

Me fui a Christchurch.

1 comentario:

Nicolás dijo...

Vaya, no se puede describir Milford de una manera mejor con menos palabras.

No tengo mucho tiempo para ponerme al tanto de tus aventuras ahora mismo, pero un placer habernos "casi" conocido.

Saludos.